La Hermandad Sacramental de la Misericordia mantiene una estrechísima relación fraternal y de fe con las Hermanas Carmelitas Descalzas de San Fernando. Desde que hace ya casi veinte años los venerados titulares de nuestra cofradía fueron custodiados por las madres del Carmelo en su convento de clausura debido a las obras de reforma de la Iglesia de la Pastora, las relaciones han sido aún más vivas. Pero lo más importante ha sido el hecho de que la Misericordia iniciara hace ya años el proceso de canonización de la Hermana Cristina de Jesús Sacramentado, la humilde monja a la que muchos isleños le pidieron consuelo y solución para sus problemas visitándola en el convento. Tal fue la fama de esta futura santa que muchos llegaron de otros lugares y el pasado mes de diciembre se envió a Roma la documentación de los numerosos testimonios que verifican su santidad. En este largo y complejo proceso trabajan conjuntamente la orden carmelita y la Misericordia, que desde hace tiempo viene preparando la obtención del título de carmelitana. Pero...¿Quién era la hermana Cristina? Para preparar sobre el terreno la fundación de las carmelitas descalzas de San Fernando (Cádiz) llegaron desde Granada el 30 de abril de 1946 la madre Trinidad de San Juan de la Cruz y la hermana María Cristina de Jesús Sacramentado. Se instalaron provisionalmente en el colegio de la Compañía de María de esta ciudad para desde allí dirigir los preparativos para disponer de un nuevo convento. El 15 de octubre de 1946, festividad de Santa Teresa de Jesús, hace ahora 50 años, se inauguró este Carmelo de la Isla. La hermana Cristina ha dejado escrita en buena parte la historia de este convento. Intensificó su vivencia mariana durante el Año Mariano de 1954 y vivió exultante la proclamación del dogma de la Asunción el 1 de noviembre de 1950. Decía: "¡Qué alegría tan grande! ¿Qué habrá sido en el cielo?". Se firmaba siempre anteponiendo el nombre de la Virgen al suyo: "María Cristina", como se oía nombrar al parecer por los propios labios de Nuestra Señora. Su oración favorita enmarcada en bello dibujo era: "Que yo no tenga más acción que la del Espíritu Santo. Y todo por María con María y en Ella". La cruz acompañó a Cristina todos los días de su peregrinar por la tierra. En sus apuntes habitualmente la escribía con mayúscula. Y mayúsculas fueron las cruces de Cristina: la orfandad temprana, la extrema pobreza, las humillaciones, las prohibiciones, las enfermedades propias, los dolores ajenos, etc. Solía repetir: "¿Qué tendrá ese madero de la Cruz que chorrea tanto bálsamo en el alma?". -"He pasado tanto y de tantas formas, que soy una enamorada del dolor a secas". -"Quiere Nuestro Señor que seamos víctimas del Amor y con el bálsamo de la Cruz acariciemos a Jesús que tantas almas necesitan para sostener este mundo". Este era el lema de vida de la hermana Cristina, que lo tenía en todo momento a la vista en papeles, apuntes, estampas y dibujos. Esos tres verbos sintetizan toda la gama existencial de esta carmelita descalza: Orar, callar, sufrir. La hermana Cristina vivió en San Fernando más tiempo que en ninguna otra parte: 10 años aproximadamente en Sevilla; 21 años en Huelva; 25 en Granada y 34 en San Fernando. Esa permanencia isleña de la carmelita creó un lazo indisoluble de convivencia y amistad entre ella y esta ciudad. Llegó acá en 1946 y aquí murió en 1980. Vino como a una tierra de promisión al pisar gozosa los umbrales de esta nueva Jerusalén. Fue feliz en la Isla de León, en su convento, en su comunidad, con su gente. Fue buena amiga de los isleños y los isleños que la conocieran la amaron de corazón.
Álbum fotográfico de la Hermana Cristina y las Hermanas Carmelitas
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