La bendita imagen de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia fue tallada a finales del siglo XVII, ya que existen datos que hablan de su existencia en la capilla de Santa María del cercano a la parroquia Castillo de San Romualdo en San Fernando. Se desconoce el autor y las restauraciones desde que salió de la gubia se han extendido a lo largo del siglo XX hasta la recuperación definitiva del rostro del Señor en una brillante y profunda intervención realizada por el profesor, escultor, restaurador y hermano de la Misericordia Alfonso Berraquero García, en el año 1997. El nazareno de la Misericordia, caminante con la cruz hacia el Gólgota, de amplia zancada y con su pie izquierdo adelantado sobre el derecho que se halla apoyado en parte en un gesto de inicio del paso, sujeta el madero mientras dirige su mirada hacia la izquierda del devoto que lo contempla, con cabeza semibaja y de dulcísima expresión y factura en sus facciones. Su altura aun con el escorzo del cuerpo supera los 1.70 metros. En su capilla se halla con su cruz recortada y sobre su paso dorado con la cruz de salida que sujeta en su parte trasera Simón de Cirene. Al Señor lo acompaña cada Jueves Santo también la imagen de la Santa Mujer Verónica. Los hermanos que fundan la cofradía de la Misericordia se unen en torno a este nazareno que en septiembre de 1957 es objeto de una primera restauración realizada por el gaditano Manuel Beret. Poco después de efectuar la salida procesional de 1958, el escultor isleño Antonio Bey Olvera también interviene sobre la imagen. Ya en 1965, la hermandad decide efectuarle una profunda y necesaria restauración, ya que la imagen se encontraba muy deteriorada, trabajo que se le encarga al prestigioso escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci, que le sustituye el cuerpo de candelero por uno de madre de forma redondeada, retocándole profundamente cabello y barba. La imagen pierde su expresividad y postura en aquella transformación y regresó al taller de Castillo Lastrucci como consecuencia de un desafortunado incendio fortuito provocado por una vela de promesa en la noche del 2 de mayo de 1967. Solamente se le pudo salvar milagrosamente el rostro, por lo que se le realizó un nuevo cuerpo y se le talló la cabeza, manos y pies, adaptándose la mascarilla que es lo que conserva la imagen hasta nuestros días, ya que en 1996, Alfonso Berraquero no sólo talla un nuevo cuerpo anatómico en madera de cedro tras un estudio por el que se recupera la actitud primitiva de la imagen, sino que se realiza una pormenorizada intervención de supresión de elementos aditivos a la mascarilla original que el escultor isleño logra rescatar intacta. Posteriormente procedió a su pintado, recuperando las pigmentaciones de la imagen original y el mechón rabínico. En el interior del nuevo cuerpo del Señor se conserva un pergamino explicativo de esta restauración, los nombres de las autoridades eclesiásticas vigentes en el momento de la intervención y la firma de los miembros de la Junta de Gobierno que en ese momento presidía el hermano mayor Diego Salado Marín.